Una empresa familiar agrícola-ganadera de la provincia de La Pampa llegó a nosotros en un momento clave. Tras el retiro del padre, la posta la tomaron dos hermanos: Luciana, que es contadora y ya venía metida en el día a día, y Marcos, que se sumaba recién a la diaria con el desafío de entender el negocio y empezar a tomar decisiones.
La empresa tiene como unidades de negocio a la agricultura y la ganadería. En la primera trabajan casi el 100% en campo alquilado o en sociedad. En la ganadería, hacen cría y recría capitalizada, algo que le viene rindiendo bien.
Estos hermanos se pusieron en contacto con nosotros porque entendían que no había información armada y la gestión de la empresa estaba en cero. Para ellos, poner orden no era solo un tema de papeles, sino la forma de ganar tranquilidad para saber dónde estaban parados y hacia dónde ir.
Fue así como nos pusimos a trabajar a par a par con ellos. Arrancamos por lo básico: estandarizar planillas de Excel para empezar a volcar datos productivos y emprolijar toda la parte administrativa. Luciana ya venía haciendo un seguimiento, pero logramos darle más vuelo a esa recolección de datos.
Luego llegó el momento de dar el salto a los números finos. Armamos los números para la campaña agrícola y le pusimos cabeza a la ganadería, tanto a la cría como a la recría propia y capitalizada. Ambas unidades de negocio empezaron a tener sus respectivos presupuestos y márgenes bruto.
Con esta información, por primera vez esta empresa familiar pudo consolidar un margen bruto global.
Desde lo financiero, armamos un flujo de fondos para que sepan con qué se van a encontrar en los próximos meses y tomen mejores decisiones al comprar insumos o vender hacienda.
A todo esto se le suma una herramienta que Luciana y Marcos vieron como fundamental, que es el análisis patrimonial al cierre de campaña. Evaluamos cómo terminaron la 25/26 para que en seis meses puedan volver a medir y saber con certeza si la empresa está creciendo.
En pocos meses, el cambio fue grande. La empresa pasó de manejarse por intuición a tener un rumbo claro respaldado por números reales.
Hoy los dos hermanos sienten que tienen la cancha marcada. Marcos, en particular, nos menciona que tener la gestión armada fue la pieza clave que le dio el empujón y la seguridad que necesitaba para meterse de lleno en el día a día del negocio.
